La cotidianidad de la movilidad eléctrica

Como muchos otros locos pioneros, y aunque guardándome las espaldas intentando informarme al máximo posible con la poca documentación que existía allá por el año 2014, decidí por convicción medioambiental y calidad de vida acometer un cambio estructural en la forma de moverme por el mundo, jubilando dos vehículos veteranos a gasoil para pasarme al desplazamiento silencioso y respetuoso con el medio ambiente y las personas.

Que emoción los primeros días de conducción, que sensaciones tan placenteras al desplazarte por el centro de la ciudad sin tener que pensar en el gasto fútil de dinero y combustible, esperando que se abran los semáforos o que la densidad del tráfico disminuya y puedas continuar la marcha.

Cuando el que escribe ya se fue adaptando a todos los cambios novedosos, como la ausencia de embrague, el aprendizaje de los modos de frenada, la localización de todos los sensores y botones de funcionamiento, la emoción poco a poco se fue transformando en una rutina cotidiana que solo se ve perturbada por las miradas furtivas que observamos en los retrovisores del coche, cuando la gente se asombra ante el paso del vehículo y se queda con la interrogación en sus cabezas cual viñeta de tebeo, analizando lo que acaba de ocurrir ante sus ojos.

Que emoción los primeros días de conducción, que sensaciones tan placenteras al desplazarte por el centro de la ciudad sin tener que pensar en el gasto fútil de dinero y combustible, esperando que se abran los semáforos o que la densidad del tráfico disminuya y puedas continuar la marcha.”

Expresiones como “que cucada”, “papa no se oye…”, “ostras tío, como andará eso” a la salida de un aparcamiento, te hace sentir un poco la exclusividad de lo que pronto ya no lo será, y te hace sentir que tu paso por el mundo es un poco más comprometido con la vida, enseñando el camino a otras gentes que vendrán a este mundo móvil del cual no podemos escapar.

Solo queda que la tecnología, la política, los fabricantes, las compañías de servicios y el mundo financiero aporten ese empujón que este segmento necesita, para acercar lo más posible este tipo de movilidad al máximo de población, para que a las futuras generaciones no las hagamos rehenes de problemáticas generadas por sus mayores que no supieron ver y atajar el problema de la contaminación en todas sus facetas, medioambiental, acústica …

Asimismo los propios usuarios de este tipo de tecnología, estamos “ávidos” ante la próxima avalancha de modelos que se vaticina que aterricen al mercado (el cual no tiene marcha atrás), con mayor autonomía, más eficiencia y abaratamiento de costes medioambientales.

Movilidad eléctrica, me declaro un apóstol tuyo comprometido con la difusión del mensaje de nuevas y buenas esperanzas para el medio ambiente y sus gentes.

 

 

Por Antonio Cabrera Cruz, colaborador de Electromovilidad.

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